Personajes

Pablo Beltrán: ¡Un hombre polifacético!

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 ESTE ESTILISTA COLOMBIANO DESCUBRIÓ SU GRAN PASIÓN POR LA PELUQUERÍA A LA CORTA EDAD DE 16 AÑOS, SIN EMBARGO, SU SUEÑO TUVO QUE ESPERAR 10 AÑOS PARA REALIZARSE. ¿POR QUÉ? ¡CONOZCA SU HISTORIA!

Pablo Beltrán es un hombre aventurero, inquieto, sediento de conocimiento, hambriento por descubrir a Jesús, y por experimentar todo lo que la vida le puede ofrecer…

Hoy, a sus 54 años, es padre de cuatro hijos, dos adultos, ambos estilistas, y dos niños de ocho y diez años. Su vida gira en torno a su trabajo, sus hijos y la iglesia. Las experiencias lo convirtieron en un hombre muy espiritual, que busca alimentar su alma día con día.

Les dejo su historia, ¡que la disfruten!

Su gran pasión: ¡La peluquería!

A los 16 años, Pablo vio las primeras luces de lo que sería una de sus grandes pasiones: El estilismo. “Como los peluqueros me hacían tantas tortas en mi cabello (que era demasiado lacio y grueso, o sea, difícil de cortar), yo me fijaba muy bien cómo lo cortaban, y ya sólo con verlos, sabía si me lo iban a dejar bien o no”.

En determinado momento, este estilista empieza a ver que aquello le resultaba fácil y comienza a practicar con sus hermanos y hermanas. Él se da cuenta de que tenía habilidad y le parecía una carrera exitosa. “Desde que empecé a cortar cabello supe que quería dedicarme a eso”, asegura.

A este polifacético hombre le encanta hacer cosas con sus manos: cocina, ha hecho los muebles de su salón, pinta en carboncillo, lápiz y óleo.

No obstante, su sueño de dedicarse a la peluquería se realizaría hasta diez años después, pues su padre no se lo permite en ese momento, porque sólo las mujeres y los travestis tenían salones de belleza. Entonces, decide dedicarse a la cocina; tuvo un restaurante y una pizzería.

A sus 26 años, sucede algo insólito en Bogotá. Un señor llega de España, recoge adolescentes de las calles y les enseña a cortar cabello. Monta un salón de belleza de sólo muchachos rockeros; jóvenes de cabello largo, vestidos con ropa de cuero. Ese salón fue un éxito, y Pablo decidió unirse a él.

En ese momento, empieza a estudiar peluquería, primero con Raua, un estilista muy famoso en aquella época, y después pasa a la Academia Francesa de la Belleza de Bogotá, en donde estudia por dos años.

¡A trabajar!

Pablo recuerda que en Bogotá siempre se empieza desde abajo en los salones de belleza, y dependiendo de las capacidades del estilista, asciende más o menos rápido. Él trabaja durante tres años en otros salones antes de abrir el suyo.

PC220162En 1989, como Colombia siempre estaba en crisis, y Venezuela estaba mejor, Pablo decide irse a ese país a buscar lo mejor para su familia. “Yo no quería para ellos lo que se vive en Colombia, porque ahí la vida es muy dura. Conocí a alguien en Venezuela y me fui a trabajar un tiempo”.

Estuvo tres años, hasta que se dio cuenta de que tampoco era lo que él quería. Regresó a Colombia y montó un negocio; estuvo ahí siete años. Sin embargo, en el 2000 él y su esposa deciden viajar a Costa Rica, porque ya Pablo había conocido el país y le había encantado.

“Mi hijo mayor estaba cercano a cumplir la mayoría de edad y yo no quería que él fuera al ejército. Entonces decidimos venirnos para Costa Rica, porque yo lo que estaba buscando para mi familia era calidad de vida. Cuando yo conocí el país me sorprendió que no tuviera ejército y lo rural que era. También me gustó que el tico no es agresivo en su comportamiento, como sí lo es el colombiano”, recuerda.

Costa Rica

PC220134Pablo tiene 15 años de vivir en Costa Rica. El primer año trabajó en San Pedro y Pavas. En su primer trabajo, conoció al esposo de Alba Rosa Torres, quien en ese momento traía la línea Marcel France a Costa Rica; marca que él ya conocía. Por ello, lo contratan para ser el técnico en nuestro país. “Como técnico, tuve la oportunidad de conocer toda Costa Rica. Trabajé con ellos ocho meses”.

Posteriormente, decide abrir su propio salón de belleza, en Heredia, y lo trabaja con su esposa y sus hijos, quienes también eran estilistas. “Éramos diez estilistas y cinco manicuristas. Yo creo que ha sido el salón más grande que ha habido en Heredia. Fue un éxito, hasta que me separé y ellos se quedaron con el salón. Terminaron vendiéndolo”.

Actualmente, sus hijos tienen sus propios salones de belleza y él también. Además, con frecuencia lo llaman de distintas casas comerciales para invitarlo a dar seminarios. “Los de corte y color me gustan mucho”, finaliza.

INTIMIDADES:

En nuestra sección de Personajes, se ha vuelto una tradición el conocer las “Intimidades” de nuestros entrevistados. Por ello, a continuación le presentamos los más íntimos pensamientos de Pablo Beltrán.

  • ¿Qué no conocen los demás de usted? Hay algo que yo siempre le digo a las personas: Lo que tú ves, eso soy.
  • ¿Qué lo hace enojar? La deslealtad.
  • ¿Qué lo hace feliz? Las personas que tienen una verdadera intención de crecer, a nivel espiritual o intelectual.
  • ¿Cómo reacciona ante los problemas? Con calma.
  • ¿Qué es el éxito? Es la consecuencia lógica y obvia de la disciplina, del esfuerzo, del querer ir más allá, del no quedarte donde estás.
  • ¿Lo más importante en su vida? Dios y mis hijos.
  • ¿Su mayor logro? Encontrar a Jesús.
  • ¿Su principal característica? Inquieto.
  • ¿Su mayor pasión? Hacer cosas, de todo.
  • ¿Su mayor defecto? La terquedad.
  • ¿Su mayor virtud? Mi amor por la vida.
  • ¿A qué le tiene miedo? A nada.
  • ¿Dios? Todo.
  • ¿Sus hijos? ¡Mi segundo todo!
  • ¿Costa Rica? Mi segunda patria.
  • ¿Colombia? Una nostalgia.
  • ¿Pablo Beltrán Studio? Mi taller.
  • ¿Una confesión del pasado? Tenía un cliente muy delicado, un señor. A él le gustaba que yo le cortara el cabello con tijera y a mí se me olvidó ese día, entonces agarré la máquina y le empecé a cortar atrás. Él me dijo: ¿me va a cortar con la máquina? Y yo: Ay no es para quitar un poco el largo… y ya se la había pasado como tres veces. Y empecé a cortarle con la tijera, pero como ya le había pasado la máquina, le había quedado extremadamente corto. Le hice todo el corte como siempre, pero atrás le quedó rarísimo. Y después, cuando le estaba marcando el corte, se lo marqué muy arriba… ¡yo estaba atarantado por lo que había pasado! Al final no le dije nada, pero pensé: No va a volver, perdí un cliente. Pasaron como 22 días y volvió. Yo sentí escalofríos cuando lo vi, y me dijo: ¿tiene tiempo para que me corte? Es que necesito hablar con usted. ¿Usted se acuerda de la vez pasada cómo me cortó? Es que quiero que me corte igual, ¡vieras cómo me gusto! Yo pensé: ¡No puede ser que me esté diciendo eso! (ríe).

Fuente:

Pablo Beltrán, estilista

Pablo Beltrán Studio, tel. 4033-9914

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