Personajes

Yindra “Yayi” Ortega: ¡Con magia en sus manos!

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SI HAY ALGO QUE CARACTERIZA A ESTA GRAN ESTILISTA, ES LA DESTREZA INNATA QUE TIENEN SUS MANOS CUANDO ACARICIAN UN CABELLO Y HACEN MAGIA EN ÉL… ELLA ES UNA MUJER EXTREMADAMENTE TRABAJADORA, ES ORDENADA, CREE EN LA EXCELENCIA Y LA HONESTIDAD, PERO SOBRE TODO, ES UNA PERSONA SENSIBLE Y ENTREGADA A SU FAMILIA. ¡CONÓZCALA!

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Yindra me confesó que no le gusta que la llamen por su nombre, porque siente que no es ella, ya que cuando su hermano nació no podía pronunciar su nombre, entonces le decía “Yayi”, y a partir de ese momento, absolutamente todas las personas que la conocen le dicen de esa manera. Por lo tanto, yo me tomaré la libertad de llamarla: “Yayi”.

Debo decir que ella es de esas personas que al hablarle y conocer su historia, simplemente te dejan impresionada… Y es que son muchas las razones por las cuales afirmo esto, pero para adelantarles un poquito, ella tiene un don innato en sus manos, pues sin tener estudios en peluquería, ¡trabajaba como estilista! Y esto es poco común.

Pero a pesar de su gran don, su vida no ha sido nada fácil… ella lleva en sus hombros dos divorcios (aunque actualmente logró encontrar a la persona que la complementa a la perfección) y hace dos años pasó por la dura prueba de perder a su hija mayor.

Como pueden ver, la historia de Yayi no sólo es digna de ser contada, ella es una mujer digna de ser admirada, pues aparte de ser una trabajadora incansable, tiene un corazón de oro, pero más adelante les contaré por qué… 

Los dejo con su historia… ¡que la disfruten!

La peluquería: ¡Su gran don!

 

Esta vecina de Cartago, de 42 años, tiene 28 años de dedicarse a la peluquería. “Yo empecé profesionalmente en el 88, pero desde el 85 cortaba pelo… es decir, a los 14 años”.

Es curioso, pero Yayi no recuerda de manera consciente, cuándo fue que decidió que la peluquería sería su forma de vida. “Creo que eso nació conmigo; lo hago porque viene en mí. Yo le cortaba el pelo a mis primos desde que tenía nueve o diez años, y no recuerdo haberme jalado una torta; nunca gracias a Dios”.

“Yo siempre he tenido claro que este no es mi negocio; yo administro un negocio que Dios me dio, con un don que Él me regaló desde que nací”. 

Yindra Ortega.

Ella recuerda que su papá le exigió el certificado de egresada del colegio para que pudiera dedicarse a cortar cabello, pero antes de eso lo tenía prohibido… “es que yo a escondidas le cortaba el pelo a mis compañeros, a mis amigos y a los del barrio. Yo me gradué en octubre y en noviembre del 87 ya estaba trabajando”.

Yayi comenzó trabajando en el salón de una vecina y luego pasó al salón de Mario Segura como asistente de él. “Yo lavaba cabello, hacía blower, aplicaba tintes; yo no cortaba, no maquillaba, ni hacía permanentes, porque eso lo hacía él. Sólo cuando él viajaba tenía la oportunidad de hacerlo, ¡y a la gente le gustaba!”

Trabajó durante 10 años en el salón de Mario; sin embargo, durante ese tiempo ella atendía paralelamente en su casa. “Yo trabajaba cinco días con él y un día entre semana en la casa, el día que él escogiera. Y fíjate que ese día yo ganaba tres o cuatro veces mi salario de la semana, yo solita, en la sala de mi casa”.

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Conforme pasó el tiempo, Yayi empezó a trabajar miércoles y domingos tiempo completo; cuando salía del trabajo a las siete u ocho de la noche llegaba a la casa a seguir trabajando hasta la media noche, y además, trabajaba en las mañanas antes de irse al salón de Mario.

La decisión de independizarse fue difícil para esta estilista, pues ella asegura ser una persona muy planificada, que le gusta estudiar muy bien todas las condiciones antes de dar un giro a su vida.

“Dice mi mamá: Vos tenés un don especial, que yo no te puedo decir qué es; porque vos tocas un cabello y por la forma en la que vos lo agarras, el cabello se te desmaya en las manos, te obedece…” 

Yindra Ortega.

Parte de la decisión la tomó porque su horario en el salón de Mario no le dejaba tiempo para capacitarse. “Yo a él lo quiero mucho, pero tuve que tomar la decisión de irme porque yo quería llevar clases y aprender”.

La ventaja que tuvo es que como siempre llevó su negocio paralelo a su trabajo, en el momento de independizarse, ya ella contaba con el equipo necesario para abrir su propio salón de belleza: Reflejos Studio.

“Cuando me fui tenía dos espejitos, dos sillas, dos mesitas, dos secadoras, dos planchas y mis tijeras, y con eso me tiré al agua. Ya cuando empecé a trabajar y a producir, comencé a pagarme toda mi capacitación internacional”, recuerda.

Rápidamente, su casa se empezó a hacer muy pequeña. “La gente esperaba afuera, ya había muchos carros, carros muy buenos, llegaba gente importante y ya yo sentía que necesitaban que los atendiera en otro lugar. Entonces ahí fue donde ya me vine para Cartago centro”.

La capacitación ha sido sumamente importante para Yayi, y como ella es muy ordenada, desde que trabaja sola ha tenido la oportunidad de capacitarse en diferentes países. “Y gracias a Dios, como también hablo un poquito de inglés, entonces eso me ha favorecido, porque si el curso está en inglés, lo tomo en inglés, no tengo ningún problema”.

Y agrega: “Dios me permitió llegar a estudiar con los mejores; tuve la dicha de estar para el centenario de L’Oréal en París, estudié en dos periodos con Tony & Guy dos años seguidos. Viajé a Alemania, Holanda, España, Francia, Estados Unidos, México…”

¡Lo que sigue!

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Yayi asegura que aún le quedan unos años más en la peluquería, pero que próximamente desea retirarse para poder dedicarse a su familia. “Yo siempre fui muy dedicada al trabajo, muy sacrificada, pero por eso me perdí muchísimas cosas importantes con mis hijos y de mi vida. Por supuesto que el trabajo me dio una forma de vivir muy holgada, pero pagando un precio… Esas cosas no las ves, hasta ahora”.

Y agrega: “Yo siento que Dios me bendijo con algo que yo siempre le había pedido, que era una familia y una pareja, para poder dedicarme a esa pareja en una forma total. Entonces yo creo que ya se está acercando la hora en que yo tenga que hacer eso y buscar un retiro completamente light”.

Dentro de sus proyectos para retirarse, Yayi está analizando, en conjunto con su esposo, abrir un negocio de cocina; “algo pequeñito que nos permita hacer lo que nos gusta, que es cocinar. Nos gustaría irnos un poquito retirados, como a Jacó, no sé, es un proyecto que estamos valorando”.

A nivel personal…

Yayi es una mujer sencilla, que le gusta vivir cómodamente, pero sin llegar a ser ostentosa ni vivir entre lujos. Ella afirma que en este momento, está viviendo una época muy rica en su vida, en la que su familia es el centro de todo. “Yo ya perdí hace dos años a mi hija de 20 años, entonces mi vida cambió tanto de un tiempo para acá, que yo le doy valor a las cosas que realmente lo tienen”.

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Esta estilista es madre de cuatro hijos, Marianka, Andrés, Natalia y Angelo, que es el hijo de su esposo, pero que ella adoptó como propio. Cuando su hija mayor cumplió dos años, el médico le dijo que padecía de Taxia, una enfermedad degenerativa de la motora fina y la motora gruesa. Este problema neurológico hereditario, genético, se dio por la combinación de genes de sus padres.

Marianka vivió 20 años, pero su madre se encargó de darle una calidad de vida impresionante. “Tenía que trabajar mucho para darle lo que ella necesitaba, porque ya nos habíamos divorciado. Ella estudió, sacó el quinto año, estuvo estudiando lenguaje de señas en la Universidad (que era uno de sus sueños), viajó a Estados Unidos para sus 15 años…”

Además de sus hijos, Yayi vive con su compañero de vida, Fabricio, con el hijo de él, Angelo, quien tiene una niñita de cinco años, y su perrita Maya.

Esta mujer es ejemplo de que si se tiene fe y paciencia, Dios pone a la persona adecuada enfrente… después de dos dolorosos divorcios, no perdió la esperanza de encontrar a alguien que la valorara como ella lo merece.

Esa persona apareció hace siete años y se llama Fabricio. Él es comunicador y trabaja en radio. Esta pareja se conoció, de manera increíble, en un chat en Internet. “Fue una casualidad, porque un día visité una sala de chat que ni siquiera acostumbraba visitar y coincidimos. Yo nunca tuve nada que esconder, yo era la misma Yayi que trabaja aquí, y encontré una persona que era igual que yo: encausada, centrada. Todo fue muy rápido, pero con gran convicción y certeza”.

“Yo te puedo decir que después de siete años, me siento exactamente igual de enamorada, porque tengo a mi lado a una persona que es hombro a hombro conmigo, es la parte que me faltaba y yo soy la parte que a él le faltaba”. 

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Yayi recuerda que se escribieron por siete meses, hasta que decidieron conocerse. “Ya cuando lo conocí yo estaba enamoradísima. Estaba enamorada de su impecable ortografía, de su manera de pensar, del compromiso de él como ser humano, de sus valores… hasta el día de hoy te puedo decir que lo veo más guapo y estoy más enamorada”.

¡Sus otras pasiones!

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Además del estilismo, a Yayi le apasiona cocinar, y cocina de todo. Ella asegura que esto es herencia de su papá, pues según dice, él desarrolló una pasión culinaria innata. Asimismo, sus tíos y su abuelita cocinan delicioso. “Siento que me he enriquecido mucho de lo que mi tío me enseña y de las clases que llevo con Iván, con quien tengo cuatro años de recibir lecciones”.

Otra de sus grandes pasiones es el fútbol, pues Yayi es una fiel seguidora del Club Sport Cartaginés, y de hecho, siempre asiste al estadio a apoyar a su equipo.

“Que rico sentir y hacer lo que el corazón te diga. Querer, pero querer desbordadamente, que vos cuando veas a alguien… ¡que rico que te den un abrazo sentido, no un abrazo hipócrita! A mí esto de entrar en los 40 me ha cambiado mucho la vida”. 

Yindra Ortega.

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Además, le gusta mucho compartir con sus amigos. “De un tiempo para acá me he dedicado a decirle a la gente que la amo mucho, sin ningún motivo. He tratado no sólo de decirles que los quiero, sino de que lo sientan, de que sepan que yo soy merecedora de su amistad y de su cariño”.

¡Un corazón de oro!

Una de las principales características de esta admirable mujer es su amor por la caridad. Actualmente, ella se da a la tarea de visitar a quienes necesitan compañía “y los bendecimos con una bolsita de arroz, de frijoles, lo que sea”.

Ahora lo hace así, pero en el pasado, Yayi iba en la madrugada al puente de Hacienda Vieja o a Cristo Rey a repartir comida a los indigentes. De hecho, todavía a veces cuando regresa de algún lugar pasa a una panadería que abre 24 horas al día y compra pan y refrescos para las personas de escasos recursos.

En un principio, Yayi no quería que yo hablara sobre el gran corazón que tiene, porque considera que estas son cosas que a ella le gusta hacer y que nadie tiene que enterarse. Sin embargo, su esposo la convenció de que lo permitiera, con el fin de que quizás, quien lea este artículo desee unirse a su causa.

¡Sus mejores Secretos de Belleza!

  • Busque que la atiendan aquellos que tengan renombre y que usen productos de calidad, porque así usted tendrá la garantía de que el trabajo que le realicen está bien hecho.
  • Utilice en su cabello aquellos productos que tienen garantía de años, porque esos productos buenos tienen el respaldo de una buena compañía.

Intimidades

En nuestra sección de Personajes, se ha vuelto una tradición el conocimiento de las “Intimidades” de nuestros entrevistados. Por ello, a continuación le presentamos los más íntimos pensamientos de Yindra Ortega.

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  • Fecha de cumpleaños: 17 de julio.
  • ¿Qué no conocen los demás de usted? (Ríe) Mi mal carácter…
  • ¿Qué lo hace enojar? La falta de compromiso. ¡Mucho!
  • ¿Qué lo hace feliz? El amor, no importa si no me lo dan, yo me encargo de eso, ¡yo lo doy!
  • ¿Cómo reacciona ante los problemas? Soy muy valiente, no le tengo miedo a nada.
  • ¿Qué es el amor? ¡Todo! Es el único sentimiento que te hace salir de todo, de problemas, de situaciones difíciles; es lo único que te sostiene.
  • ¿Qué es el éxito? Es el resultado de la constancia y la disciplina.
  • ¿Lo más importante en su vida? Mi familia.
  • ¿Su mayor logro? No sé, nunca me lo habían preguntado… Haber salido adelante… ¡Haber alcanzado la felicidad!
  • ¿Su principal característica? Siempre estoy feliz, siempre tengo buena actitud para todo.
  • ¿Su mayor pasión? Bueno, ahora tengo pasión dividida, porque siempre ha sido la peluquería, pero ahora está un poco midiéndose con la cocinada.
  • ¿Su mayor defecto? Que siempre llego tarde.
  • ¿A qué le tiene miedo? Al ridículo, al fracaso.
  • ¿Dios? Mi fuerza y mi motor.
  • ¿Sus hijos? Mi orgullo.
  • ¿Fabricio? Es todo.
  • ¿Su familia? Mi zona de confort.
  • ¿Costa Rica? ¡Aaaayyy, mi pedacito de tierra que amo!
  • ¿La peluquería? Ha sido mi modo de vida.
  • ¿La cocina? ¡Aaaaay que rico! La cocina ha sido el descubrimiento de las pasiones después de los 40.
  • ¿Reflejos Studio? Un sueño hecho realidad.
  • ¿Una confesión del pasado? Una vez quise experimentar lo que son los tragos y fue una experiencia que para nada me gustó y que por eso no se la recomiendo a nadie. Me emborraché con tequila una vez en mi vida… ¡esa es una confesión que tengo que hacer con mucha vergüenza!

Fuente:

Yindra Ortega, estilista Reflejos Studio, tels. 2552-1472 / 2552-9090

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