Personajes

Deyanira Chavarría… ¡Multifacética!

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ELLA ES AUXILIAR DE ENFERMERÍA Y COSMETÓLOGA (ESTILISTA, ESTETICISTA Y MANICURISTA…) UNA PROFESIONAL REALMENTE MUY COMPLETA, QUIEN A SUS 49 AÑOS SE SIENTE PLENA Y FELIZ. ¡CONOZCA SU HISTORIA!

“Doña Deya” es una persona llena de matices interesantes… Mi primera impresión cuando la vi fue: ¡Qué señora más jovial y moderna! Pero al mismo tiempo, ella me pareció una persona seria, sensible, paciente y muy dulce… Sin embargo, “valiente” es para mí la palabra que mejor describe a esta gran mujer… 

El momento de hablar con ella fue sumamente agradable, porque es de esas personas que te cuentan su vida como si fuese una historia; entonces iba enlazando todos los diferentes acontecimientos de su vida de una manera tan encantadora, que las horas pasaron simplemente, ¡volando!

Después de conocerla el pensamiento que quedó en mi cabeza fue: ¡Qué admirable! ¡Descubra su historia y admírela usted también!

De la enfermería a la estética…

¿Una cosmetóloga que es auxiliar de enfermería…? ¡Así es! Y para Deyanira Chavarría el área de la salud es una parte muy importante de su vocación, pues le gusta mucho servir.

“Yo trabajé dos años y medio en el Hospital Calderón Guardia. Por cosas de la vida, no tenía propiedad en ese momento, y como soy madre de cinco hijos, me había separado del papá de mis hijos, y me venía el salario cada dos meses, cada mes y medio (a veces recibía 20 colones de salario en una quincena…), entonces tuve que tomar una decisión”.

“Yo pienso que uno tiene que mantenerse en constante conocimiento. Hay que estar a la moda y aprender nuevas tendencias para poder darle a nuestros clientes un servicio de calidad”. 

Deyanira Chavarría.

Buscó trabajo en clínicas privadas, pero no le daban la jornada completa, que era lo que ella necesitaba. Buscó hasta como dependiente; hasta que un día vio en el periódico que necesitaban personal de enfermería. Dos meses después estaba trabajando ahí. Era un centro de estética que iba a abrir y que traía tecnología avanzada para trabajar con patologías específicas.

Allí trabajó durante año y medio; y fue en ese lugar donde empezó a laborar como esteticista, pues la directora de la empresa le otorgó un técnico como tal. “Ella hacía las valoraciones de piel y nosotras lo continuábamos; debíamos seguir las indicaciones de ella”.

Como ese lugar todavía era muy nuevo, no tenía tanta clientela, entonces Deyanira recuerda que su jefe les decía: “ahí están los videos, los libros, el que quiera ir estudiando, puede hacerlo…” “Y no se lo dijeron a ninguna tonta. Yo empecé a comerme los libros. Después, por medio de mi jefe me enteré de algunos cursos que se hacían en el extranjero y convenciones de estética anuales; en donde tuve la oportunidad de ir y formarme”, recuerda.

Además de todo lo que hace, Deyanira es instructora de micropigmentación para la compañía norteamericana Biotouch desde el 2010.

Los clientes empezaron a pedir cita sólo con ella, y eso no le agradó a su jefe, porque decía que no le gustaba que la gente se acostumbrara a una sola persona, que para eso eran tres… Así que le dijo que en algún momento ella iba a ponerle la competencia a su negocio, y decidió despedirla.

Debido a eso, Deyanira se fue a trabajar a Pevonia, el mejor centro de estética en aquel momento. Allí estuvo por un año y ocho meses, hasta que se le presentó la oportunidad de trabajar en Alba Rosa Salón; sitio en el que estuvo durante 14 años.

¡Un nuevo modo de vida!

Pevonia también tenía peluquería. En este lugar trabajaba el estilista italiano Angelo di Carli. “Gracias a él me inicié en la parte del estilismo, fue algo que me llamó mucho la atención. Él me enseñó colorimetría, cómo lavar un cabello (porque cuando yo tenía ratos libres me iba donde él y le decía que yo le quería ayudar, que quería aprender). Entonces aprendí a enamorarme de la parte de cabello. Aprendí mucho de él y empecé a especializarme”.

Posteriormente, Deyanira pasa a trabajar como esteticista en Alba Rosa Salón. Allí estuvo cerca de un año y decidió montar su propio negocio, que lo tuvo por un año y ocho meses. “Yo me puse mi primera sala en la mitad de una cochera en Cuatro Reinas de Tibás. Yo pasaba llena, no tenía espacio para nada. Ese fue el trampolín que me ayudó a afianzar en realidad qué era lo que yo quería”.

He visto familias completas crecer, porque antes atendía a papá, mamá y chiquitillos; y ahora atiendo a papá, mamá y los chiquitillos que se hicieron grandes y que ya se casaron; atiendo a las esposas y a los bebés. 

Deyanira Chavarría.

Y recuerda: “Lo que pasó es que yo siempre había querido algo más grande; comodidad para los clientes. Siempre he pensado que el salón es para ir a relajarse, por eso el ambiente tiene que acomodarse perfectamente para que la persona se sienta como el rey o la reina que se merece ese chineito”.

Tuvo que cerrar su negocio, y Alba Rosa le dio la oportunidad de volver como esteticista, y a los dos meses, comenzó a trabajar como peluquera. “Allí costaba mucho tener una oportunidad en cabello, era muy exclusivo; era el lugar donde estaban los mejores estilistas”, recuerda.

Deyanira asegura que a Alba Rosa siempre la ha visto como una amiga, y que siempre va a estar agradecida por la oportunidad que le dio. “De ella aprendí demasiado, es una empresaria exitosa”.

Actualmente, “doña Deya” tiene 23 años dedicada a la cosmetología. Ella afirma que “el hecho de crear y hacer arte en el cabello es lo que más me llama la atención”; sin embargo, también le gusta trabajar en estética.

GAIA: ¡Diosa de la Madre Tierra!

Hace cuatro años, “doña Deya” tomó la decisión formal de abrir su propio negocio: GAIA Salón & Spa. “Era algo que yo siempre había querido, mas no me encontraba en la capacidad económica para montar mi negocio. Después de tanto trabajo, sabía que el conocimiento lo tenía, y estaba segura de lo que podía ofrecer”.

Y agrega: “Incluso mis clientes me decían que ya era hora de que yo trabajara sola. Yo tengo clientes de hace 18 años a la fecha, que me han seguido y ahí están conmigo en las buenas y en las malas”.

“Yo no sólo doy un servicio, sino que trato al cliente como se merece. Lo chineo, le hago masajito en la cabeza con el champú, trato de que se sienta muy bien de ir al salón y que tenga el deseo de volver”. 

Deyanira Chavarría.

En un inicio, ella comenzó con una socia. No obstante, la experiencia con esa persona no fue la mejor, por eso después de dos años y medio, decidió quedarse sola con el negocio. “Mi antigua socia y yo hicimos un préstamo por treinta mil dólares y así montamos el primer salón. Pero decidí quedarme sola y gracias a Dios he podido mantenerlo con mucho esfuerzo”.

Actualmente, ella dice sentirse afianzada en conocimiento, en experiencia y feliz por el apoyo que recibe de su familia. La mayor de sus hijas también es estilista y tiene su propio salón; mientras que una de sus hijas menores trabaja con ella como peluquera. Además, su hijo Fran se encarga del área administrativa, y su hijo Andrey trabaja en el área de barbería.

¿Qué sigue ahora…? Su próxima meta es una escuela que abarque las áreas de estilismo, estética, manicure, pedicure y micropigmentación.

A nivel personal…

Su enorme casa, es el lugar perfecto para reunir a toda su familia: sus cinco hijos, sus nietos y su esposo. “En mi casa yo vivo con todos mis  hijos y todas mis nueras. Es una casa grande, que tiene seis dormitorios, entonces me permite tener uno en cada dormitorio y el mío con mi esposo”.

Ella estuvo casada durante 11 años con el papá de sus hijos; sin embargo, ésta valiente mujer decidió dejarlo porque él la agredió durante mucho tiempo. “Yo vivía en El Salvador, porque él es de allá. Cuando tomé la decisión, agarré a mis cinco “pollos”, dos maletas y me vine en un bus de Tica Bus, en un viaje de dos días”.

Y agrega: “Venían los tres más pequeñitos sentados, y mis hijos mayores y yo, íbamos de pie. No tenía “un solo cinco”, venía con un refresco y un pan cuadrado. Yo pensé que el bus me dejaría en Costa Rica, pero no fue así, y me di cuenta hasta que llegué a Managua”.

Deyanira recuerda que eran las nueve de la noche y estaba sola con sus hijos, en un lugar que no conocía, y sin dinero… Y tenía que esperar hasta el día siguiente, porque el bus saldría a Costa Rica a las cuatro de la mañana… Ella asegura que Dios le envió un ángel, pues poco tiempo después de haberse sentado con sus hijos en una esquina del parqueo, pasó uno de los muchachos que venía en el bus y le preguntó que si tenía hotel, y ella le dijo que sí…

“Nunca he tomado vacaciones. Mis vacaciones las tomo cuando voy a algún congreso. El hecho de cambiar la rutina, de ambiente de trabajo, para mí, eso es descanso”. 

Deyanira Chavarría.

“Algo lo hizo regresarse y me dijo: “Chelita (es decir, blanquita), ¿usted tiene pisto (dinero) para ir a pagar un hotel?”, y yo le dije que no. Entonces me dijo: “Vamos, porque yo la estoy esperando”. Recuerdo que me llevó a un mesón, una casa grande con muchos cuartos. Cuando entramos le dijo a la señora: “Ellos son los que yo estaba esperando”, y antes de que me llevara, me dijo: “Tengo una habitación con diez camas, la aparté porque sentía que iba a ocupar toda la habitación. No se preocupe, yo no le voy a hacer nada, lo que quiero es que usted se quede durmiendo, porque si se quedan en el parqueo, no van a amanecer.” Llegamos a la habitación, nos dimos un baño e hizo que la señora nos preparara un caldo”.

Esa etapa de su vida, según Deyanira, le enseñó a ser una persona fuerte y a no dejarse llevar por esas “cosas de la vida” que pasan constantemente. “Ahí juré que nunca nada ni nadie me iba a hacer daño, ni a mí, ni a mis hijos”.

Actualmente, ella tiene 20 años de estar con otra persona. “Él es un hombre increíble, humilde, criado en el campo. Supo valorarme como mujer y querer a mis hijos. Él se los ganó primero a ellos que a mí. Es mi gran apoyo”.

Una de sus características más sobresalientes es que su familia tiene un papel sumamente importante en su vida. “Disfruto mucho estando con ellos y me encanta que mi familia se multiplique, porque ahora tengo nietos, nueras y yernos. Desde el momento en que ingresé nuevamente al país, ellos eran lo que yo tenía. Fueron mi apoyo y lo que me mantuvo viva”, recuerda.

Deyanira asegura que su gran pasión son sus adorados nietos. “Tengo cuatro nietos, el mayor se llama David y tiene siete años, Moisés tiene un año y dos meses, Isaac tiene un año y D’Andrey tiene tres meses y medio”.

Además, esta abuelita afirma que le encanta jugar con sus nietos. “Con el grandecito lo único que no juego es “Play”, porque me dice: “Ay tita, usted no sabe manejar”, ¡porque choco con todo! A los chiquitillos es chinearlos (…). Dicen que se quiere más a los nietos que a los hijos, pero yo creo que a todos se les quiere exactamente igual. Son amores diferentes”.

¡Sus mejores Secretos de Belleza!

  • Es indispensable cuidarnos la piel y mantener una rutina adecuada desde la adolescencia.
  • No se aplique productos en la piel del rostro que a otra persona le hayan funcionado bien.
  • A nivel corporal, mantenga una exfoliación completa por lo menos una vez a la semana, y utilice cremas hidratantes, dependiendo de la necesidad de su piel.
  • El cabello necesita champú y acondicionador, porque por un lado lo estamos limpiando y por el otro tenemos que hidratarlo. Además, requiere una mascarilla una vez por semana.

INTIMIDADES:

En nuestra sección de Personajes, se ha vuelto una tradición el conocimiento de las “Intimidades” de nuestros entrevistados. Por ello, a continuación le presentamos los más íntimos pensamientos de Deyanira Chavarría.

  • Fecha de cumpleaños: 22 de febrero.
  • ¿Qué no conocen los demás de usted? Todo lo conocen.
  • ¿Qué la hace enojar? Una mala acción.
  • ¿Qué la hace feliz? La satisfacción del deber cumplido.
  • ¿Cómo reacciona ante los problemas? Con enojo, la mayor parte.
  • ¿Qué es el amor? La mayor felicidad.
  • ¿Qué es el éxito? Las metas alcanzadas.
  • ¿Lo más importante en su vida? Mi familia.
  • ¿Su mayor logro? Mis hijos.
  • ¿Su principal característica? Soy una persona impulsiva.
  • ¿Su mayor pasión? Mi trabajo.
  • ¿Su mayor defecto? Mi carácter.
  • ¿A qué le tiene miedo? Al fracaso.
  • ¿Dios? Un ser Todopoderoso.
  • ¿Sus hijos? Mi mayor satisfacción.
  • ¿Sus nietos? Mi mayor alegría.
  • ¿Edgar Soto? Mi apoyo, mi felicidad
  • ¿Su familia? Mi vida.
  • ¿Costa Rica? El lugar donde yo nací y he podido crecer.
  • ¿La peluquería? Mi pasión.
  • ¿La cosmetología? Mi pasión.
  • ¿La enfermería? Mi pasión.
  • ¿GAIA? Mi mayor logro.
  • ¿Una confesión del pasado? Empecé a trabajar de forma empírica con los chiquillos del barrio. A todos les cortaba el cabello y no tenía conocimiento… ¡Tenía como 15 años!

Fuente:

Deyanira Chavarría, estilista

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