Personajes

Maruja Díaz: ¡Una joya de la peluquería, dentro del Pacífico!

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Esta divertida y carismática chuchequera tiene 47 años, y 27 años de ser estilista. El sol de Puntarenas y la brisa marina han sido sus compañeros fieles a lo largo de su carrera, y la han llevado al éxito en una zona rural que la vio crecer de la mano de grandes compañías

Mi reto para el Personaje de esta edición, era conocer una historia de éxito en la bella Perla del Pacífico. El viaje inició desde muy temprano, y se convirtió en un día lleno de sorpresas muy agradables.

“Marujita”, a quien tuve la dicha de conocer, es una persona espontánea, divertida, alegre, trabajadora, servicial, coqueta, con una actitud muy positiva hacia la vida, pero sobre todo, muy chineadora. Lo digo porque ese día, su forma de recibirme fue: “¿Adri, usted come ceviche?”, y por supuesto, mi respuesta fue positiva. Pues el día de nuestra entrevista, ella se levantó a las 6 a.m. para ir al mercado a comprar pescado y hacerme su especialidad: ¡un ceviche espectacular! Que de hecho, me atrevo a decir que, si no es el mejor, es uno de los mejores que he probado en mi vida.

Y mejor no les cuento el menú completo, porque a más de uno se le haría agua la boca…

Aprendí muchísimo de esta entrevista, pues ella no sólo me abrió las puertas de su casa, sino también las de su corazón y compartió conmigo un par de frases que quiero compartir con ustedes, con la esperanza de que, como yo, las apliquen a sus vidas:

  • “Aquí el que no avanza, retrocede”: Nunca debemos detenernos, siempre hay cosas nuevas que aprender, y el conocimiento es nuestro mejor aliado.
  • “Las metas son sueños programados”: Si tiene un sueño, prográmelo bien y llegará a la meta. Es cuestión de decir: yo puedo. El único que lo puede frenar, es usted mismo.

Su destino: ¡La peluquería!

Maruja cuenta que, cuando salió del colegio, ella quería estudiar Farmacia. Sin embargo, desde muy joven, a ella le gustaba cortarles el cabello a sus compañeras o pintarles las uñas. “Yo no estoy diciendo que se los cortaba bien… ¡se los cortaba terriblemente mal!”

“Me acuerdo una vez que, en el colegio, agarré a dos compañeras y les corté el pelo. Al día siguiente, llegaron con el pelo más corto y diferente. Entonces yo les pregunté: “Diay, ¿qué pasó con tu pelo? Así no fue como yo te lo dejé”. Me dijeron: “Mi mamá, primero, me pegó y después me llevó al salón a cortármelo, porque quedé terrible”, recuerda.

Para el examen de admisión de la Universidad de Costa Rica (UCR), Maruja obtuvo una nota no tan buena, y eso no le permitió ingresar a la facultad de Farmacia. Ella podía ingresar a Trabajo Social, pero no era lo que le gustaba. “Decidí que no iba a perder más el tiempo, y que quería estudiar belleza. Pienso que hice lo correcto”.

Al principio, su padre no estaba de acuerdo con ella, pero finalmente la llevó a San José a buscar una escuela. Después de ver tres opciones, se decidieron por Piaf. “Cuando yo llegué a la academia y vi todo, entendí que yo estaba en lo correcto. El profesor tenía la escuela y a la par tenía el salón de belleza, entonces, en mis ratos libres me iba a meter al salón de él para ver cómo era que trabajaban y cómo hacían; y después le pedí trabajo”.

“Yo siempre tengo que sorprender a la gente con ceviche, porque esa es mi especialidad. Mi papá se me murió hace diez meses y él hacía el mejor ceviche del mundo. Mi papá era famosísimo con el ceviche y obviamente nosotros aprendimos de él”.

Maruja Díaz

Maruja recuerda que: “Venía ese fin de semana a Puntarenas con la gran noticia de que ya tenía trabajo; de que iba a estudiar y a trabajar, y que cuando terminara, me iba a quedar en el salón de belleza trabajando. Cuando le dije a mi papá, él me dijo: “Usted no va a trabajar”. Y yo: “Pero, ¿por qué?” Y él me dijo: “No, usted no va a trabajar. Usted tiene que trabajar en su salón de belleza. Yo le voy a armar el saloncito”. Entonces yo le decía: “Sí, papi, ármemelo, pero primero déjeme trabajar. ¡Cómo me vas a tirar a la guerra!” Y él me dijo: “¡Usted puede!”

Ella estudió durante dos años y se fue para Puntarenas a trabajar en su salón de belleza. En ese momento, tenía 20 años…

¡Sus inicios!

Su primer salón lo tuvo en el garaje de la casa de sus papás. Fue su padre quien se lo acondicionó, él le hizo los muebles, y al final le entregó un salón muy bonito. Allí estuvo por cuatro años, hasta que se casó y se mudó de casa.

Un dato curioso de sus inicios, es que cuando Maruja estaba en el colegio, le gustaba mucho cantar, y lo hacía muy bien. En esa época, ella representaba al colegio en festivales de canto, por lo que era muy popular.

Cuando empezó a trabajar, sin saberlo, el hecho de haber cantado en el colegio le ayudó muchísimo a su negocio. “Yo empiezo a trabajar, y empiezo con el pie derecho. La gente decía que la que abrió un salón de belleza es la muchacha que canta, y entonces la gente llegaba. Seguro pensaban: Si a como canta, corta el pelo… ¡iban a quedar lindísimas! La gente se iba fascinada, feliz y volvía. No te voy a decir que no fue difícil, sino que todo se fue dando”.

Cuando llega la marca Sebastian a nuestro país, fue el momento en el que ella creció más rápidamente, porque la empresa les dio un gran soporte a los estilistas en cuanto a capacitación en marketing y administración de negocios. “Sólo yo en Puntarenas tenía Sebastian, entonces yo empiezo a crecer como la espuma”.

“Cuando entendés que ser feliz es una elección, tú eliges… Tenés dos opciones: o sos feliz o no lo sos; ¡y yo elegí serlo!”

Maruja Díaz

Una ventaja que tuvo cuando inició, es que hace 27 años no tenía mucha competencia alrededor. “Fue fácil crecer. Obviamente, con empeño y perseverancia; porque cada día yo sigo yendo a cursos y voy a aprender”.

A lo largo de su carrera profesional, se ha preocupado mucho por mantenerse actualizada; y una de las academias en las que más se ha formado, es la academia Marmé, de Maritza Méndez. Además, ha viajado a capacitarse a Holanda, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Hawaii, Estados Unidos, España y China.

Cuando inició, recuerda que le daban las 10 u 11 de la noche trabajando, pero todo eso rindió frutos y actualmente, ella trabaja con dos estilistas más. “Son como mis hijas, y para ellas, yo soy como la mamá. Si las tengo que regañar, las regaño, pero también las aconsejo”.

¡Sus otras pasiones!

Además de su pasión por el estilismo, a Maruja le encanta bailar y cantar. “Canto de todo, las canciones que van saliendo. Y me gusta bailar de todo, y todo lo sé bailar. Soy muy buena bailarina, llevé clases en Merecumbé”.

Cuando no está en su salón, le gusta hacer yoga una vez por semana, y zumba de lunes a viernes.

Otra de sus pasiones es la cocina. “Me gusta mucho cocinar mariscos. No es que lo hago siempre, pero sí te puedo decir que cuando lo hago, lo hago muy bien”.

A pesar de tener la playa a dos minutos de su salón, Maruja confiesa que nunca va a bañarse al mar, pero sí acostumbra sentarse a recibir la brisa marina y a ver los atardeceres. “¡Yo no cambio Puntarenas, yo amo Puntarenas!”

A nivel personal…

“Yo soy chuchequera. Es más, nacida en la Clínica San Rafael; no existía el Monseñor Sanabria; cuando nací no existía y ya no sirve… (ríe)”.

Ésta orgullosa porteña es la tercera de cuatro hermanos, son tres varones y ella. Su relación con su familia es excelente. “Nadie tiene los hermanos que tengo yo, porque son maravillosos, somos muy unidos”.

Lamentablemente, su padre falleció a los 74 años, hace 10 meses, víctima de un derrame. “Papi era todo para mí, era mi vida, mi guía. Hace seis años, fue diagnosticado con cáncer. En ese momento, para mí fue súper duro; yo sentí que me habían metido un balazo. Sin embargo, mi papá me enseñó que ni a eso había que tenerle miedo, por eso yo no le tengo miedo a nada (…). Mi papá decidió luchar, yo lo llevaba a las quimioterapias, a sus citas… Mi papá fue un sobreviviente del cáncer. Tenía  seis años y estaba súper bien, pero le dio un derrame”.

Maruja tiene dos hijos, José Rodolfo de 26 años, quien estudió administración de aduanas y comercio exterior, y Aniela de 22 años, quien estudia veterinaria. Ésta feliz madre afirma que sus hijos viven orgullosos de sus logros.

“Me considero una persona muy afortunada, la vida me ha tratado bien y yo siento que estoy en mi mejor momento en todo”.

Maruja Díaz

Ella estuvo casada durante 15 años, pero se divorció hace 12 años, y asegura que se volvió muy exigente. “A mí la gente me dice “si seguís exigente te vas a quedar sola” y yo les digo que cuál es el problema, en algún momento va a llegar la persona indicada, esas cosas no hay que forzarlas. Llegará si es que tiene que llegar y si no, la verdad es que soy muy feliz”.

Maruja tiene un fuerte grupo de amigos, todos peluqueros reconocidos, que constantemente inventan cualquier excusa para reunirse. “Somos un grupito muy bonito; inventamos cumpleaños y cosas para estarnos reuniendo siempre. ¿Sabes cómo me dicen ellos? La Perla del Pacífico… ¡así me dicen! Cuando hay algún congreso o alguna clase, donde sea que yo llegue, lo primero que dicen es: “¡Ya llegó la Perla del Pacífico!”, o sea, la puntarenense”.

Esta estilista asegura que, lo que sigue en su vida es lo que Dios le tiene escrito, pero que a ella le gustaría seguir teniendo una vida relajada, trabajar mucho y ser abuela, porque es una etapa que aún no ha vivido y que le gustaría mucho que llegue. “Mis nietos vendrán a culminar mi felicidad”.

¡Sus mejores Secretos de Belleza!

  • Sonreír mucho, porque siempre donde hay una sonrisa, hay una cara bonita.
  • No trasnochar.
  • Si es posible no tomar ni fumar, es lo ideal.
  • No descuidarse; estar pendiente de ir al salón de belleza; cuidar su cabello y sus uñas.

Fuente:

Maruja Díaz, estilista

 

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